Relato sobre un sistema de justicia insuficiente en Guanajuato 3/5

Tu comportamiento es muy importante para adquirir un permiso. Pero al principio no te autorizan nada que solicites, porque aún estas en observación. Después que han visto que te portas bien, que no das problemas, que no te metes en chismes, que no te peleas o te drogas, que trabajas, puedes aspirar a tener algún permiso.

Al fin al ser un reclusorio, existen personas que son muy agresivas o violentas y que en algún momento buscaron golpearme. Es importante saber persuadirlos sin que puedan detectar que tienes miedo.

Una custodia cuando llegamos, nos aconsejó no platicar donde vivíamos o que hacíamos o si teníamos familia que nos ayudaba, para evitar una extorsión, por lo que es muy bueno permanecer con bajo perfil.

En Irapuato había una mujer, Susana, acusada de secuestro, que según se decía, desde que llego había golpeado a cada persona que llegaba al área femenil. Yo fui testigo de una de esas golpizas. Es una mujer agresiva y que definitivamente sabía hacerlo. Yo me preguntaba cómo era que ella tenía unas botas o “burras” con casquillo duro en la punta que siempre utilizaba para golpear a la gente. Así que cuando me llega un recado de que ella me estaba hablando sabía que no era por algo bueno, por lo que le dije a su mandadera que viniera ella a donde yo estaba. Mi respuesta era una clara afrenta de que yo no me sometería a su mandato como sí lo hacían otras internas, y aunque por dentro temía, no tenía muchas opciones porque eso puede marcarte durante toda tu estadía en ese tipo de lugares. Así que salió al patio donde yo estaba y me llamo. Yo me acerqué y comenzó a hacerme un reclamo respecto a un chisme (en realidad era un pretexto para actuar) por lo que mi respuesta volvió a ser retadora y le dije: Mira ¿Cómo dices que te llamas?

-Susana

-Ah, sí, Susana, yo cuando tengo algo que decir lo hago en persona y a la cara, yo no necesito mandaderas y eso que te dijeron no es verdad… pero si mi respuesta no es suficiente, pues dime si hay otra forma de arreglar esto (y di un paso al frente, viéndola a los ojos e insinuando que no tenía miedo)

-No, si dices que no fue así, te creo, no hay bronca

-Cualquier cosa que quieras saber, pregúntame directamente y cuando yo tenga algo que decirte, yo sola te busco ¿Sale?

Y se fue.

No podía creer lo que acababa de suceder, yo había aparentado que quizá era la mejor golpeadora o la más agresiva o la más violenta mujer en ese lugar y que esa “fiera” me tenía sin cuidado, cuando la realidad es que las piernas me temblaban. Pero definitivamente no tengo carácter de sometimiento.

Durante la estadía en el CERESO de León, al paso del tiempo, busqué participar en actividades que me ayudaran a ganarme el permiso para una parrilla y poder “arreglar” la comida o eventualmente comprar huevos en la tienda y prepararlos yo.

Participé en Teatro penitenciario que, siendo francos, en ese reclusorio era una de las actividades que recibían más apoyo (en el sentido de fomentar y permitir la participación de los internos) de las autoridades penitenciarias, para que se hicieran obras de teatro y pastorelas que para ser de un reclusorio, eran muy buenos trabajos; también cantaba en eventos del reclusorio, como la semana cultural o actos cívicos, daba clases de Bachillerato a mis compañeras, después pedí permiso para trabajar haciendo velas aromáticas junto con mi mama y al concedérnoslo, fue una actividad que nos mantuvo ocupadas y que a su vez hizo que generáramos un poco de dinero ahí adentro.

El director de entonces se llama GREGORIO NICASIO FONSECA.

Debo decir que el mal trato que recibimos en este tipo de lugares generalmente es de las custodias, que son quienes te cuidan y están contigo todo el tiempo, por ejemplo, mi mamá toma medicamento para la presión desde 2010 aproximadamente; cuando entramos al CERESO de León ella se sentía mal porque hacía varios días que no tomaba su medicamento y le pedía a una custodia que por favor la sacara al médico y la custodia nos ignoraba, cuando después de suplicar casi llorando la sacaron y cuando la llevaban a que el médico la atendiera le dijo: “primero andan de delincuentes y luego quieren que las atiendan” y como  ese un sin número de cosas, como si quisieran recordarte constantemente que eres una presa y que no vales nada, ni mereces nada y en nuestro caso el hecho de volver a empezar en cada reclusorio a ganarte nuevamente cada cosa era desgastante, porque no es fácil adaptarte y cuando salíamos y nos volvían a detener, era volver a comenzar de cero.

En León otras internas trabajaban la pasta francesa y hacían trabajos muy bonitos, aprendí un poco, cosa que me sirvió en el CERESO de Colima, ya que allá trabajé ese tipo de manualidades. Allá se borda punto de cruz. En colima obtuve un trabajo en el INEA como asesor, por lo que daba clases de alfabetización, primaria, secundaria y bachillerato a mis compañeras y por parte del INEA recibía una compensación económica, (casi simbólica) de acuerdo a los exámenes aprobados por mis alumnas. Esto me dio oportunidad de tener permiso para una parrilla y al paso de los años para una televisión. En colima había sobre población, por lo que cuando llegamos dormíamos hasta 9 internas en una celda que era para 4, en el piso, sobre una cobija nada más, con ratas y cucarachas pasando a tu alrededor.

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